
- Nombre: Guille
- Ubicación: Argentina
Exorcizamus te, omnis immundus spiritus, omnis satanica potestas, omnis incursio infernalis adversarii, omnis legio, omnis congregatio et secta diabolica!
Ver mi perfil completo
|
|
|
|
|
Enlaces generales
|
Otros blogs
|
|
|

|
Historia de una vida.
Nos conocimos hace mucho tiempo, a través del ahora infame MSN Messenger, en una epoca en la que chatear era todavía una acción desconocida para muchos. Un amigo común nos "presentó", y desde ese momento, hablabamos al menos una vez por día. Unos meses después, nos terminamos de conocer, pero sin habernos visto nunca. Casi un año después, la casualidad llevó a que nos encontremos en el lugar más insólito. Tenías una remera verde, con un dibujo de Tweety, y unos jeans celestes claros. Nos reímos de lo loco de la situación y nos quedamos charlando un rato largo, como si hiciera años que no hablábamos. Las fotos que me habías pasado no te hacían justicia, eras muy distinta en persona, mejor que lo que las fotos mostraban. Desde ese día nos seguimos viendo, siempre teníamos algo de que hablar. Tenías una personalidad fuera de lo común, y eso me intrigaba. Pasaron muchas cosas en el medio, pero llegamos a ser muy buenos amigos. Te llegué a querer más que a nadie, y fuimos felices por un tiempo. Por cosas de la vida, dos años después te fuiste a vivir a otra ciudad. Nos juramos no perder contacto, pero el destino llevó a que dejaramos de hablar unos pocos meses después. Desde ese momento, cada uno hizo su vida. Me costó mucho volver a empezar, y no encontré a nadie más como vos. Irónicamente, diez años después nos volvimos a encontrar. Justo terminabas tu carrera, por la que tanto habías luchado. Tenías tu título de bióloga. Después de charlar un rato, fuimos a tomar un café. Nos quedamos ahí toda la noche, hablando como aquel primer día. Nos reímos, recordando viejos tiempos, también lloramos un poco. Me contaste de tu vida actual, te conté de la mía y de lo que habían sido los ultimos diez años sin vos. Me miraste a los ojos y me dijiste "vamos, el mundo se va a olvidar de nosotros en dos semanas" mientras me agarrabas de la mano derecha. Todavía sin digerir tu ultima frase, me subiste a tu auto y nos fuimos. Menos de dos cuadras después, me guiñaste el ojo y me besaste. Volvimos en el tiempo unos 12 años, y nos sentimos jóvenes de nuevo. Y dos semanas después, nunca existimos.
Etiquetas: Ficcion
Sálvame Jebús!
Cerca del año 30 (treinta, eh?, no es mil novecientos treinta, es treinta. Época de los romanos y todo eso) llega un tipo medio mal vestido caminando a una ciudad, dice ser el hijo de dios. La charla es más o menos la siguiente: - Hermanos, he venido en representación de mi padre. Soy el hijo de dios. - Blasfemia! Este hombre está loco y merece que lo maten! El tipo mira para arriba con cara de "mierda, era cierto que no me iban a creer...", suspira y dice: - Padre, perdónalos, son medios boludos. - Nos ha insultado! Matémoslo!
Horas más tarde, el tipo aparece colgado de una cruz en el medio de un desierto. Prometió que la proxima vez que apareciera en la tierra se iba a vengar de todos, con fuegos artificiales incluídos. Unos dos mil años después, un flaco vestido con una remera de Iron Maiden y jeans medios rotos, con un par de metros de cadena colgando en la cintura y un cinto de tachas, entra a una iglesia, y mirando fijamente al sacerdote le dice: - Hola, soy el hijo de dios. - Blasfemo hijo de puta! Te vas a ir al infierno por eso, sabías? - No, flaco, posta, soy el hijo de dios, por qué no me crees? - No sé la verdad, pero vos de hijo de dios no tenés ni el color de ojos... Jesús era rubio de ojos celestes, vos ni cerca. - Eh, no, yo soy el mismo Jesús de antes, ubicate un poco. Como puedo salir rubio de ojos claros si esos genes no existían en esa zona? - No jodas, salí de aca antes que llame a la policía. - Os haré bosta a la vuelta. (Había escuchado al Flaco Pailos, y le gustó la frase)
La cuestión era que Jesús ya estaba acostumbrado a que no le creyeran, así que sacó el celular y llamó a su padre, para preguntarle qué hacer. Del aparato salió una voz diciendo "El teléfono al que usted llama no puede recibir su llamada ahora". Perkele! Tanta tecnología al pedo. Se puso a leer una biblia y se acordó, tenía que hacer bosta a todos estos que decían esperarlo pero no lo reconocían. Pidió prestada una laptop y se puso a hacer la lista de personas, a buscarlas en Google Earth y a modelar los minimeteoritos que tenían que caer en esas coordenadas. Hizo doble click en "Iniciar Apocalipsis" y vió como desde el cielo empezaban a caer cosas. Dos tornillos de la MIR, tres sensores de combustible de algun transbordador de la NASA, una pelota de golf, siete botellas de Coca-Cola (de las retornables, de vidrio), la dentadura postiza de alguien, y millones de boludeces que se habían dado por perdidas. Dos o tres horas después, se había cumplido la profecía de los católicos, había venido el apocalipsis. Mientras tanto, Jesús miraba como la barra de progreso en su monitor se iba acercando al 100% al ritmo de "Afraid to shoot strangers", mientras se cagaba de risa de lo irónico de la situación. Cuando terminó, se fue de joda con unos amigos. Se sentaron a la orilla de un río, e hicieron un asado, mientras Jesús no paraba de convertir agua en vino, vodka, gin tonic, cerveza, tequila y agua mineral. Etiquetas: Ficcion
Been thinking about you, and there's no rest.
Creo saber qué significa, pero no sé si en todos se manifiesta de la misma forma.
Esas fueron las palabras que su suave voz (que muchos habrían considerado especial, debido a su tono tan particular) pronunció mientras, sentada en su silla, se recogía su largo y lacio cabello. No se notaba resignación en su cara, era más bien una expresión de completa sinceridad. Él la miraba fijamente, sin pronunciar ni una sola palabra, pero sus ojos parecían mirar más allá, a un punto fuera de ese reducido espacio. No se movió, parecía que las palabras habían tenido un efecto paralizante en él. Transcurridos unos segundos, sus ojos marrones volvieron a la vida, y miraron fijamente a los de ella. Nunca había notado tanto vacío en esos ojos, pero la sensación de tranquilidad que irradiaban lo invadió y decidió pensar en eso, por un rato. No tengo forma de saberlo, pero lo siento. Etiquetas: Ficcion
Por última vez.
Cuando muera el último arbol, cuando se seque el último río, cuando muera el último animal, cuando sople la última brisa, cuando pase el último temblor, entre las montañas va a resonar el eco del último grito desesperado del último hombre en pié, mientras desde la última nube caen las últimas gotas de lluvia, hasta el último de los días.
Etiquetas: Ficcion
It feels like I'm flying above you.
Venía caminando, sin compañía, en una calle solitaria y casi desértica. La oscuridad reinaba, salvo por la tenue luz de las estrellas que parecían estar en su propia realidad, completamente indiferentes a lo que cualquiera hiciera. De repente decidí volar. Despegué mis pies del suelo, mientras el viento seguía moviendo las hojas. En unos pocos segundos, me elevé lo suficiente como para ver completamente la ruta por la que venía caminando. Me noté extraño, ahí, flotando en esa capa ficticia que está justo arriba de los techos, apenas abajo de la capa donde normalmente vuelan los pájaros. Me dispuse a seguir subiendo. Ya podía ver una imagen de la ciudad completa, parecía todo tan pequeño que casi me olvidé que hacía uno o dos minutos estaba ahí abajo, caminando. Y arriba no había ruidos, en absoluto, lo cual hizo que me olvidara por un rato de la realidad que existía a nivel del suelo. Miré hacia las estrellas, miles de luciérnagas brutalmente brillantes flotando, como yo, pero a cientos de millones de años luz. Esa tenue luz casi uniforme me llamó la atención y, sin dejar de contemplarlas, giré sobre mí, quedando acostado en una especie de cama invisible, en el medio de la nada. En medio de tanta paz, llegó el sueño. Cerré los ojos sin dudarlo, estaba sumido en una tranquilidad tal que no recordaba mi elevación. Tampoco me importaba caer, honestamente. Sin volver a abrir los ojos, me quedé dormido. Algún tiempo después abrí los ojos, pero no estaba en el aire. Escuché risas lejanas y gente hablando, y también noté que el aire tenía un olor particular, un olor parecido al de alguna flor que yo conocía, pero que no sabría identificar. Me senté, me reí por un rato, y seguí caminando por la misma calle, pero esta vez bajo el sol. Etiquetas: Ficcion
Amanecer.
Y es así. El amanecer me encontró otra vez despierto, en una especie de cóctel emotivo. Y ya ves, no importa cuántas horas pasen ni cuánto tiempo piense, no, ella no lo sabe. Nadie lo ve, y el sol ya me está comenzando a cegar, mientras la fresca brisa me despeina y me mantiene despierto. Aquí estoy, parado en este lugar, mirando sin esperanzas hacia un punto en blanco. Varios cientos de metros más allá, en esa misma dirección, ella descansa en su cama, mientras las suaves sábanas blancas cubren la mitad de su cuerpo semidesnudo y una sonrisa se dibuja en su cara. Dentro de muy poco tiempo, en la distancia, el ruido de la ciudad y su gente va a surgir, detrás de los árboles, entre los edificios, en todas partes. Y en este preciso instante, el ruido de mi propia respiración me está aturdiendo. Son otros tiempos, otros espacios, otro flujo de ideas. Ellos nunca lo vivieron, no saben cómo se siente. Parpadeo, y noto mis ojos más brillantes y vidriosos. Intento dejar de pensar y me pongo a caminar. El olor a césped me revive y el canto de los canarios me distrae, mientras me dirijo de nuevo a mi refugio solitario que, de no ser por un recuerdo y una ilusión, estaría completamente vacío. Antes de dormir, antes de cerrar los ojos, su nombre se escapa en un suspiro.
Etiquetas: Ficcion
Sólo la hierba sentía sus pasos...
Allí estaba ella, sentada en el borde de la piscina mientras el sol y el viento jugaban con sus cabellos, haciéndolos destellar. Sus pies movían el agua, creaban pequeñas olas a las cuales ella miraba fijamente hasta que llegaban al otro extremo de la piscina. Tenía tal expresión de felicidad en su cara que tan solo una foto de ella podría haber frenado una guerra. Era feliz sentada allí, sola, jugando con el agua mientras nadie la miraba. Miró hacia atrás, unos canarios la distrajeron. Salió de la piscina caminando lentamente, se puso su vestido de seda, pero no se lo abrochó... el viento jugaba con la tela, dejando al descubierto su cuasi-perfecto cuerpo con cada ráfaga. El sol estaba empezando a esconderse, y ella salió a caminar descalza por la hierba, con la mirada perdida en el horizonte, sin un rumbo preestablecido. Horas mas tarde, la luna brillaba en sus ojos, mientras las luciérnagas volaban a su alrededor. Se agachó, cortó una flor y la colocó en su cabello. El vestido y el traje de baño blancos parecían brillar con luz propia bajo aquella luna llena... la escena era casi artificial. Ya estaba muy lejos de su casa, pero seguía caminando sin rumbo. El sol le indicaría el camino de vuelta en algunas horas más. Se sentó bajo un arbol, y sus brillantes ojos marrones se posaron sobre una de las tantas luciérnagas que la rodeaban. La tomó en sus manos y la miró por un rato. Sintió que otra le caminaba por su pié derecho, haciéndole cosquillas, y se sonrió. Siguió caminando, pisando la hierba virgen. De súbito, su cuerpo comenzó a irradiar luz, casi tan blanca y pura como su vestido, y comenzó a flotar. Se podían ver sus pies descalzos unos 30 centímetros sobre la hierba verde. Miró hacia el cielo, y luego bajó la cabeza. Como si nada hubiera pasado, sus pies tocaron nuevamente el suelo y siguió su camino. El sol estaba pronto a asomarse en el horizonte, y tenía que volver a casa. La vida siguió, y ella consiguió mantener su secreto. Nadie pudo imaginar que en esa blanca y natural belleza se escondía un ángel. Etiquetas: Ficcion
De noches largas y parques solitarios.
Después de ir y venir varias veces entre ese mundo paralelo de los sueños y el que supuestamente dicen que es real, me desperté en un lugar poco convencional. Miré a mi alrededor, arboles y pasto verde. Abajo mío, un banco de plaza, de cemento, con un colchón improvisado con hojas verdes... no voy a mentir, era cómodo, quizás no más cómodo que mi cama, pero seguramente era más pintoresco. Como ya debes saber si leíste más de un post mío, siempre que me despierto (en todos los posts que incluyen alguna historia con sueño de por medio) estoy solo. Este post no va a ser la excepción, o quizás si... ya veré que pasa más adelante. Me senté, todavía medio dormido, me despegué las hojas de la espalda y me quedé mirando. Todavía no sabía si lo que estaba viendo era un amanecer o un atardecer, pero la luz naranja del sol pintaba al parque y le daba un toque místico. El viento, que no era viento, movía ramas y hojas al azar, lo que producía un sonido perfecto para acompañar la escena. De repente caigo en la conclusión que no se dónde estoy, pero al menos determiné que era un atardecer. En un rato se va a hacer de noche, y ahí estoy yo, medio confundido, sin sueño y perdido en un parque. Aca cualquiera podría decir "y que tiene? ni que fuera algo raro" y va a tener razón, porque seguro que soy el único boludo que no tiene como hobby despertarse en un parque mientras el sol está cayendo. En fin, me levanté y salí a caminar. A medida que el sol iba bajando, más y más luciérnagas iban apareciendo. Cuando por fin terminó de caer la noche, era dificil determinar si la mayoría de la luz venía de los bichitos esos o de la luna llena que brillaba en el cielo. Mientras recorría el lugar, empecé a notar que no estaba solo. Unas figuras se movían a lo lejos, y parecía que no les interesaba que yo estuviera ahí, porque ni siquiera me miraban. Encontré a un nenito llorando sentado en el suelo, a una pareja de jóvenes charlando en un banco, dos ancianas caminando llevándose una a otra, y a un hombre que parecía triste, apoyado en una columna de iluminación. Los miré, intenté llamarles la atención, pero no parecían verme. A pesar de parecer fantasmas simpáticos, tenían algo raro. No eran los clásicos fantasmitas tapados con telas blancas, no. Eran más normales, parecían turistas. Si, turistas. De dónde me suena esto? fantasmas en el parque, de noche, turistas... Era muy parecido a Stranger by the Minute, pero sin la música. Solo, como estaba, seguí caminando. A lo lejos, una risa humana, extrañamente reconfortante. Grité "Hola!", queriendo gritar "A lo que sea que se rió, sos humano? estás vivo? por qué hay fantasmas acá? por qué no me ven? etc." pero era muy largo. Una voz de mujer me contestó, empujando al silencio. Fuí a su encuentro y luego, entre palabras y miradas, seguimos caminando durante lo que fué la noche más larga que recuerdo. Paseando, como estuvimos hasta antes de encontrarnos, pero ahora no estábamos solos. Nos teníamos a nosotros mismos, juntos en nuestras propias soledades.
Etiquetas: Ficcion
Arte urbano anti-discriminación.
Venía caminando tranquilo, escuchando música. De repente, veo a dos personas con un balde, haciendo algo en una pared. "Graffitti" fue lo primero que se me ocurrió, pero el balde no encajaba. Intrigado, crucé la calle, y vi que estaban sacando bolitas de algo que parecía ser masilla del balde, y luego las pegaban en la pared, siguiendo algún patrón que parecía bastante prolijo, aunque casi desconocido para mí. Tras preguntarles qué hacían, la respuesta me sorprendió. "Estamos haciendo arte. El graffitti es la mayor exposición de arte urbano." Seguía sin entender nada. La masilla no era aerosol, y al ser de un solo color era bastante aburrida. Volví a preguntar, y evidentemente notaron mi cara de extrañado. "Nuestro arte no discrimina, y tenemos la intención de llegar a más personas, por eso escribimos en Braille." Me quedé parpadeando, era la idea más boluda que había visto en los últimos 20 años, pero los tipos eran felices. Los saludé, les agradecí por su tiempo y me fuí. Aún hoy, esa pared sigue en pié. Y se dice que cada tanto, pasa algún que otro ciego, lee el graffitti y se aleja caminando lentamente, con una sonrisa en la cara. Misterios del arte, supongo. Etiquetas: Ficcion
De viajes y encuentros.
Día lluvioso en la ciudad, subo a un colectivo sin un rumbo fijo, con la única intención de distraerme. Me gusta ver la lluvia impactando contra los siempre sucios vidrios, y ver del otro lado a la gente corriendo, intentando esquivar las gotas y mojándose tanto o más que si caminaran. Mucha gente sube y baja en cada parada, todos tienen cara extraña. Nadie me mira, lo cual es bueno, hasta que empiezan a faltar asientos. Miro de nuevo por la ventana, ignorando al resto de los pasajeros. Sigue el viaje, sigue el movimiento de gente. De repente veo a una persona, una mujer. Estaba esperando en un refugio, a punto de subir al colectivo, rodeada de otras cuatro o cinco personas. Algo me llamó la atención en su cara, o en su forma de moverse. No era normal, pero nunca supe exactamente por qué. Mientras subía y pagaba su boleto, intenté mirar nuevamente su cara, era virtualmente perfecta. No había marcas de edad, ni lunares. Nada de maquillaje, no. Una de las caras naturales más bonitas que había visto hasta ese momento. Ella siguió caminando hasta un asiento libre, dos filas más adelante de donde yo estaba. Notó que alguien la estaba mirando, y se dió vuelta, analizando a cada uno de nosotros con sus tranquilos pero profundos ojos marrones. Intrigado, me pregunté qué edad podría tener ya que a primera vista, era imposible de calcular. No había rastros de edad, tanto la contextura física como la altura estaban dentro del promedio. Quizás sus manos guardaran la respuesta, pero eran invisibles para mí desde esa posición. Afuera había parado la lluvia, y una nube tímida dejaba pasar unos rayos de sol, tenues, que se reflejaban en sus cabellos castaños. Toda una princesa, escondida dentro de un transporte público. No habló con nadie, y si mal no recuerdo, el único movimiento que le vi hacer fue su penetrante mirada a todos y cada uno de los pasajeros. Unos minutos más tarde, se levantó de su asiento y caminó hasta la puerta para descender. Al pasar a mi lado me miró nuevamente, y se sonrió. Intenté mirar sus manos, pero sus ojos me llamaban. El colectivo llegó a la parada, y la puerta se abrió. Algo se movió detrás de la mujer que me miraba, y me llamó la atención. Ella estaba a un paso de descender del colectivo cuando de repente un halo de luz la rodeó, y flotando en el aire se alejó del lugar. Con una lágrima deslizándose en su mejilla y una sonrisa dibujada en su boca desapareció de mi vista. Era inútil intentar bajar, la realidad no tenía halos de luz ni facciones tan perfectas. Pensando en ella relajado en mi asiento caí dormido. Un rato más tarde bajé del colectivo. Había visto demasiado, y había vivido muy poco.
Aún hoy, dos años después del encuentro, todavía pienso en ella. La veo en mis sueños, en mis pensamientos. Quizás sea hora de ir, de nuevo, a intentar encontrarla.
Pero sus lágrimas duelen...
Etiquetas: Ficcion
Estoy tratando de decirte que...
Domingo a la noche, desgano y apatía. Camino por las calles virtuales de mi imaginación, viendo nada que me saque de mi estado indiferente. La gente me para en mi avenida, me habla. Sus palabras flotan en el aire, se convierten en bruma... una bruma densa que me asfixia. Algunos desisten, otros insisten. Cruzo la calle, y hago frenar a dos autos. Los insultos de los choferes se convierten en agua antes de llegar a mis oidos. Llueve. Lluvia ácida, creo, de cualquier forma estoy bajo techo. Adelante mío, una puerta de vidrio blindado. Del otro lado, un matón vestido a lo pingüino viene caminando hacia mí. Tras abrir la puerta, dijo unas palabras que se hicieron humo y activaron los detectores que colgaban del techo. Lluvia de nuevo, pero esta vez de agua pura. Me saco la campera mientras camino hacia la escalera. No quiero usar el ascensor, necesito caminar. Mientras subo, voy pensando en todas esas cosas que alguna vez me llamaron la atención, gente que resultaba ser interesante, situaciones que fueron y que pudieron haber sido. Todavía mi imaginación no me dijo cuántos pisos tiene el edificio, pero ya conté trece. Las escaleras siguen subiendo, indefinidamente en una especie de espiral fantasmagórica. Salen voces desde las puertas, pero no se convierten en nada. Tampoco tengo el interes suficiente como para prestarles atención. De fondo, suena un teléfono. Cada persona en el edificio fue parte de algún momento en mi vida. A algunas las conozco, a otras no, pero entre todas formaron mi presente actual. Cada piso marca una etapa, algunos minutos de mi no tan larga existencia. Algunas personas perduran, piso tras piso. Algunas caen al vacío, sin hacer ruido. Abro puertas al azar, ojos vacíos me miran con cara extrañada. Pienso en pedir disculpas, pero cierro la puerta sin más. Alguien llora, reconozco el llanto. Imagino su cara, pero ya no siento compasión, muchas acciones e inacciones merecen un castigo. Sigo subiendo, mientras escucho unos pasos detrás mío. Ya perdí la cuenta, demasiados pisos. Creo estar en mi presente. Veo a mi alrededor, y me siento en un escalón. Podría seguir subiendo, pero no quiero saber mi futuro todavía. Entro por una de las puertas, a una habitación vacía. Me sorprendo. Me siento en un sofá, y me pongo a pensar. ¿Qué significa esta habitación? ¿Por qué no hay nadie? Caigo en una conclusión, sonrío y espero. Siete pisos mas tarde, quien venía caminando detrás mio se detiene frente a la puerta, y da dos golpes suaves. Camino hacia una ventana, y mientras miro hacia abajo digo unas palabras que no puedo escuchar. La puerta se abre y alguien entra caminando suavemente. No quiero darme vuelta, el abismo del otro lado de la ventana es muy tentador. Alguien camina hacia mí. Dos segundos más tarde el tiempo se detiene. Estoy en el piso número 101, en una habitación desconocida. No puedo pensar, ni actuar, mientras la ventana se abre y el aire puro me relaja. Me dejo caer, todos miran por las ventanas. Algunos lloran, otros se ríen, y otros ni se enteran. Unos pocos segundos mas tarde, toco el suelo. Lunes a la mañana. Etiquetas: Ficcion
Historia de una noche de sueños.
Un largo pasillo, algo estrecho para el lugar donde estaba ubicado. Él venía caminando con la cabeza gacha, hasta que llegó a un cruce con otro pasillo perpendicular, en donde había una mesa de unos 50 centímetros de alto llena de fotos. A lo largo de todo el pasillo, de ambos lados del mismo, había unos bancos que parecían ser interminables. El tapizado de cuero brillante no le llamó mucho la atención. Tras pasar el cruce se sintió cansado de caminar, y se sentó. Miró a la mesa, observó detenidamente dos fotos en las que se podía ver una joven rubia sonriendo. Se llevó las manos a la cabeza, y ahogando un llanto intentó hablar. La voz se negaba a salir, hasta que en una especie de suspiro, mientras estiraba su mano hacia una de las fotos, dijo:
P... puedo?... Y dos lágrimas escaparon de sus ojos. Agachó la cabeza y no dijo nada más, se concentró en sus pensamientos, tratando de no dejar salir su llanto. El guardia que lo acompañaba, conmovido por la situación, quiso levantarle el ánimo:
Vos no te merecés estar aca... Etiquetas: Ficcion
Siete mil millones.
Hace exactamente 82 días y 20 minutos ocurrió algo muy extraño en todo el mundo. Nadie sabe cómo ni por qué, pero simultáneamente en todas las ciudades se pudo ver cómo el número 7.000.000.000 apareció en todo aparato electrónico capaz de mostrar números. Al principio todos creyeron que se trataba de algun fallo de programación de sus computadoras y teléfonos celulares. Otros argumentaban que era algo parecido al conocido "bug del año 2000" diez años atrás. Durante un dia entero, es decir exactamente 24 horas, el número no se modificó. A las 00.00 GMT del 11 de abril de 2010, el número comenzó a reducirse de forma drástica. Cada uno de los preocupados habitantes del planeta pudo ver cambiar los dígitos, en cuenta descendente. Y como era de esperarse, tras todos los ataques terroristas en los últimos 10 años, se formó una paranoia colectiva en la sociedad, una fobia a lo desconocido. El número disminuía a cada milisegundo que pasaba. Personalmente, me encuentro en una situación difícil de explicar. Me quedan menos de seis minutos, en los cuales voy a tratar de explicar lo que ocurrió durante los ultimos 6.999.600.000 milisegundos. Unas horas después de que el reloj inició su conteo, todos comenzamos a notar que ningun aparato electrónico funcionaba correctamente. Para ser precisos, no habia forma de usarlos, solamente estaban ahí para mostrarnos sus (hasta entonces) desconocidos números. Imagínense, no había formas de comunicación, y eso era lo que hacía a la situación más extraña. Poco después, comenzamos a notar la ausencia de ciertas personas. Y no me refiero a gente que corría desesperada, sino a gente que estaba al lado nuestro. Y no había ningún rastro de ellos en la zona. Día tras día, más gente desaparecía sin previo aviso. No se encontraban ni cadáveres, ni ropas, ni articulos personales. Debido a la completa imposibilidad de comunicación instantánea con alguien a más de 10 kilómetros, nadie sabía que en todas y cada una de las otras ciudades del mundo estaba ocurriendo exactamente lo mismo. Y lo realmente interesante y desesperante a la vez, era que cada vez que el "número mágico" disminuía, una persona desaparecía en algún lugar del mundo. Así fué como perdí a mis seres queridos, sin siquiera saber a dónde habían ido. Era más preocupante que si hubieran fallecido, al menos la muerte es natural. Estoy solo en mi ciudad, esperando mi hora de partida. En unos 3 minutos finaliza la fatídica cuenta atrás. La raza humana extinguida en exactamente 81 días, 26 minutos y 40 segundos. Creo que sería conveniente dormir, pero a la vez quiero saber qué va a pasar conmigo cuando me toque desaparecer. Escucho algunos ruidos detrás mío... el reloj se detuvo. La pantalla de mi teléfono dice 0.000.000.001 y no hay nadie más en la habitación. El miedo impide que me mueva, la curiosidad me lleva a salir de la casa. Afuera brilla el sol y el silencio es sepulcral. Una lluvia de pensamientos me inunda, y caigo en una desesperante conclusión: Estoy condenado. Condenado a ser el último humano en pie en este planeta. Etiquetas: Ficcion
Causalidad, destino y enlaces.
Y así fué como, después de pasar cerca de media hora mirando desde esa ventana a la gran ciudad que se dibujaba en el horizonte, salió, se acostó en el césped (a mirar las estrellas, habría dicho él) y descubrió aquello que cambiaría su forma de pensar y de vivir. Hay gente que cree en el destino, pensó, y sintió lástima por ellos. Actúan como unas marionetas trágicas de paseo por una vida que ellos consideran completamente determinada aún antes de vivirla. Claro que también hay gente que cree en la causalidad, y ellos son los que creen controlar su futuro con cada una de sus acciones presentes y pasadas. Casi sin moverse pensó también en lo poco relevante que eran esas cuestiones para formas de vida no humana, y sonrió mientras imaginaba a su perro (un imponente aunque inofensivo pastor alemán) cuestionándose sobre los mismos temas. Se imaginó el mundo como una gran red social, donde cada acción de cada una de las personas modificaba la fortaleza de los enlaces interpersonales. Mientras pasaba el tiempo los enlaces se fortalecían y debilitaban, se creaban nuevos, y algunos se eliminaban. En un momento, su imaginación congeló la visión. Se concentró en uno cualquiera de dichos enlaces, uno de los que parecía más fuertes. Y descubrió el defecto principal de la red, algo que nunca se había imaginado. Los enlaces tenían la particularidad de adaptarse a cualquier explicacion posible sobre su origen y trascendencia, y eso le preocupaba. Un creyente en el destino dirá que dicho enlace estaba previsto para él, mientras que desde el punto de vista de la causalidad siempre se puede encontrar alguna causa para dicho efecto. Otros opinarán sobre el karma, otros sobre algun premio divino. Para salir de su disturbio mental, se convenció de que la red está basada en comportamientos netamente humanos que no están regidos por ningun tipo de regla. Los enlaces son tan aleatorios como intemporales, dependen solamente de la personalidad de cada uno de los nodos. Así, sonriendo, aceptó la idea. Y concluyó que independientemente de sus acciones o inacciones, sus enlaces se atenúan en el tiempo. Y decidió convertirse en un punto aislado. Unos meses más tarde, por inacción, lo conseguiría. Amaneció, y él ya no estaba. La brisa de la mañana restauró las briznas de césped que habían quedado aplastadas. Afortunadamente nadie siguió sus huellas, más que su perro. Etiquetas: Ficcion
Noche natural.
Mucho viento, demasiado. Ando por la ciudad bajo la lluvia, tengo un destino, pero por un rato me lo olvido. Pequeñas gotas en el vidrio, rebotando al caer. La gente afuera corre desesperada, como si las gotas fueran de ácido. Pobre calle, siempre tan llena de gente, y ahora se queda sola. Nadie la comprende, no le gusta la soledad. Los autos indiferentes aceleran, aún más allá del límite de velocidad permitida. El miedo toma el control, pero el granizo está muy lejos. Minutos después, desolación. El viento corre libremente por la calle vacía, mientras las vidrieras lo ven pasar. El pavimento mojado brilla impecable, los árboles se regocijan entre las gotas. Mientras recorría de nuevo las desiertas calles, me pareció sentir la indestructible fuerza de la naturaleza. En ese preciso instante, el viento deja de soplar y la lluvia cesa. Calma. Sigo mi camino en medio de este pequeño desierto de cemento mojado. Etiquetas: Ficcion
Mi rinconcito.
Aca estoy, sentado en mi rincón. El mismo rincón que me vió crecer, mi compañero de toda la vida. Hoy lo uso para escribirte, nunca antes lo hice, pero hoy todo tiene sentido. Me pareció verte a mi lado, pero fue solo un reflejo, las luces están jugando conmigo. El papel se moja, la tinta se va corriendo, pero sigo escribiendo. La lluvia afuera parece inundar todo, los relámpagos iluminan tenuemente mi cara, y hasta imagino el brillo de la única lágrima que se escapó de mis ojos. Mi mano ya no tiembla, pero tampoco escribe. Miles de recuerdos se pelean por salir a la luz, mi cabeza es un caos de imágenes. ¿Cuándo termina? Ya no siento el cuerpo... La habitación se desvaneció, mi rincón se fué. Una figura angelical me tiende la mano... una pequeña princesa desbordando luz, hermosa como pocas cosas en el mundo. Me dejo llevar, cuánta inocencia... En mi rincón todavía llueve. El papel mojado todavia me espera, con un poema a medio terminar y una tormenta de recuerdos. Algún día quizas vuelva y termine el poema...
Mucho tiempo sin escribir, con esto vuelvo a mi antiguo hobby.
Etiquetas: Ficcion
Diálogo divino.
Iba caminando una noche de verano por un callejón solitario, cuando de repente veo a una figura que caminaba hacia mí. Estaba lejos, pero su forma de caminar era bastante rara, y eso me llamó bastante la atención. La oscuridad iba disminuyendo a medida que la figura se acercaba, y en un momento, pareció que empezó a brillar. Vestía completamente de blanco, y la capucha no dejaba ver su cara. No supe si era a causa de su "luz", pero parecía bastante mas alta que un humano cualquiera. Decidi seguir caminando para ver qué era. Una cuadra y media despues, la figura estaba a solamente diez metros de mi, y dejó de caminar. Realmente era más grande que un humano promedio. Media algo así como dos metros y medio, aunque era proporcional a una persona común. Miré para atrás, y cai en la cuenta que estaba completamente solo en ese lugar. En eso, la mole se decide a sacarse la capucha. Y se le dió por hablar también. Dijo "Hola, soy Dios". Veinticinco minutos después, cuando se me había calmado la risa, volví a mirar al egomaníaco, y estaba más serio que antes, con cara de signo de pregunta. Otros diez minutos de carcajadas. Resultó ser un egomaníaco paciente, que seguía creyendo que era dios. Me puse a charlar un rato, me habló de su hijo Jesus, de la Biblia, y de tantas cosas que parecía uno de esos flacos que te venden religión a domicilio. Hasta ahí, el tenía menos de Dios que yo de Brad Pitt. Media hora después ya era aburrido escucharlo y tenía ganas de hacerlo desaparecer. Si no fuera porque era "Dios", era cosa fácil. Me las tuve que ingeniar un poco más. Algo así: - Así que vos sos Dios, que groso. - Si, eso te dije hace algo más de una hora, y te cagaste de risa. - Es que... no existís y te me aparecés. Medio ilógico, no te parece? - Pero no ves que estoy aca? eso demuestra que existo. - No. Dejá de hablar pelotudeces. - Bueno, tenes razón. Perdón. - Ok. Ahora, en que año fue que te hicieron desaparecer con lo de los pescaditos? - Uhh, ni me hagas acordar de eso, que es doloroso desaparecer en un "soplido de lógica". - Listo. tenes dos segundos para desaparecer, o cagás fuego de nuevo. Acto seguido, el bicho desapareció sin hacer nada de ruido. Así fue que me saqué de encima a ese salame, que me hizo perder una hora y diez minutos de vida. La moraleja: Nunca fué al pedo leer la "Guia del autoestopista galáctico" ( Hitchhiker's guide to the galaxy, de Douglas Adams.) Etiquetas: Ficcion
Personificación de un sueño en tercera persona.
No lo quería escuchar, pero sabía que lo ibas a decir. Dos segundos después que lo hiciste, me levanté de donde estaba sentado, y con un nudo en la garganta me puse mi mochila y caminé hacia la puerta de entrada a aquel lugar, que ya se había convertido en un sufrimiento. Hice fuerza para no llorar, pero sin embargo, cayeron algunas lágrimas solitarias. Mientras iba saliendo, dije unas palabras que a duras penas pudieron superar mi garganta. Voy a seguir caminando, hasta que no haya más camino. Y en ese punto, haré el mío propio. Después de unos metros, sentí que corrías hacia mí. Dijiste "perdón" un par de veces mientras las palabras se convertían en vapor, pero en el fondo los dos sabíamos que no lo sentías. Fue en vano tu intento de frenarme, y ya el frío te empezaba a molestar. Me cerré un poco más el abrigo, mientras esperaba el momento en que desistieras de tu infructuosa y desesperada actuación. Pocos metros después, caíste de rodillas, suplicando el perdón que perdiste hacía menos de una hora. Tu llanto regó el camino, tu suplicio llenó el bosque, tus manos golpearon la tierra. Mi cuerpo te ignoró. Hoy, varios años después, recuerdo ese momento con suma tranquilidad. Hasta algunas veces se me escapa una sonrisa. Ya que vos, siempre tan orgullosa, por fin aprendiste a valorar algo más que tu infelicidad camuflada, tu vanidad indiferente. Pensandolo aún mejor, me hubiera gustado encontrarte en la calle, saludarte, y perdonarte. Era cierto que el tiempo todo lo cura, aunque a veces tarda demasiado. Ya es muy tarde. Etiquetas: Ficcion
Un viaje poco convencional, parte II.
Siete y cinco de la mañana. Se despertó exaltado, aunque no era culpa de ninguna pesadilla. Miró a su alrededor, la habitación seguía casi igual que cuando se había acostado, salvo por los primeros rayos de sol que, al entrar por la ventana, le daban un tono anaranjado. Intentó seguir durmiendo, pero no pudo. A su lado había un teléfono y un velador. Se sentó en la cama, todavía pensando en lo que le habia ocurrido el dia anterior. Dónde se había metido el viejo? Seguía lleno de dudas. Descolgó el teléfono, y marcó el número de su casa. Una voz se encargó de avisarle que era técnicamente imposible hacer sonar el teléfono del otro lado. Se le hizo un nudo en la garganta y dos lágrimas mojaron la alfombra. Sonó el teléfono, era el conserje. Todo empezaba a ser demasiado raro. Tras una pequeña charla de cortesía, pidió disculpas en nombre del hotel debido a que no funcionaban las líneas de teléfono. Poco a poco la locura iba en aumento. Estaba a setecientos treinta kilómetros de su ciudad, en una habitación de hotel, completamente aislado y en medio de una nebulosa de información de la cual no podía determinar su veracidad. Recordó que había dejado su teléfono celular en el auto, y aprovechó para dar una vuelta en la ciudad. Mientras recorría las calles, dos cosas le llamaron la atención: Su celular no tenía señal en ningún punto de la ciudad, y no había ni una sola persona a la vista. Un rato después, en medio de una plaza, encontró lo que indirectamente estaba buscando. Su largo cabello canoso parecía brillar al sol, y la mirada era inconfundible. Sin preocuparse por estacionar correctamente, bajó del auto y fué corriendo a encontrarse con el viejo, quien no paraba de reír tras ver la escena. Fue una sensación muy rara, como si su propio instinto le indicara que estaba corriendo peligro en ese lugar. El viejo se paró, y tiró al suelo un mapa que sacó de su bolsillo. Se sentó nuevamente y ya no se movió más. Un pequeño estudio del mapa, mostraba algo increíble. Esta ciudad no existía. La ciudad más cercana a la bajada de la autopista, estaba a trescientos kilometros aproximadamente. No había nada más en el medio. Se le cayó el mapa, y dejó ver que su cara se había transformado. El miedo manejaba completamente su cuerpo, y el viejo parecía ignorar todo. Luego de unos minutos que parecieron meses, se le escuchó decir algunas palabras. Sorprendido? Ahora estás dudando de tu propia existencia, y nada de lo que te rodea te parece real. Nada tiene sentido, y hasta la probabilidad da a entender que está en tu contra. He aquí mi historia. Yo no existo, soy solamente un recuerdo en tu mente... la voz de tu conciencia. Todo lo que hice fue con el fin de proteger tu existencia física, aún si eso significaba mi propia muerte. Nunca me tendrías que haber visto, pero la situación era crítica. Cuando un hombre se desespera, solamente confía en lo sobrenatural, sin ningún cuestionamiento. Cuando se hace humanamente imposible salir de una situación, se buscan explicaciones alternativas que estan completamente fuera de lo racional. Necesitabas verme para comprender que fuiste vos el que me creaste. Ahora, si tenés la fuerza necesaria para sobrevivir, estarás más allá del mundo que te rodea.
Tras decir eso, todo alrededor se empezó a desfigurar. Era como estar en una pesadilla, sin poder despertarse. En su mente, el mundo cada vez tenía menos consistencia, y los colores se iban mezclando. Al rato, todo era blanco. No había sombras. Cuando volvió en sí, estaba sentado en el mismo lugar donde habia estado el viejo. No terminó de comprender todo, pero de a poco sentía que iba asimilando la idea. En sus labios se dibujó una sonrisa que, para cualquier observador, era el último suspiro de vida del viejo en el cuerpo del joven. La verdad era demasiado obvia, y ya no necesitaba respuestas. Se dirigió al auto, y mientras se encaminaba a la salida de ese laberinto todo volvía a ser real. Escuchó una voz femenina que lo llamaba por su nombre, una voz que conocía demasiado bien. Su única reacción fue un pensamiento fugaz pero extremadamente puro y sincero, que se convirtió en ondas sonoras en algún lugar fuera de esa realidad imaginaria. Etiquetas: Ficcion
Un viaje poco convencional.
Eran las cinco de la tarde cuando subió a su 307 CC negro. Nunca antes tuvo esa necesidad de viajar, pero era más fuerte que él. Llenó el tanque de combustible, y menos de cinco minutos despues, se vió acelerando en la autopista. No le fué para nada difícil llegar a los 200 km/h, y todavía no sabía a donde se dirigía. Mientras tanto, solamente se preocupaba por la música. En el mismo CD tenía música clásica y metal, pero ninguno de los dos estilos era lo que quería escuchar. Al final, tras revisar otros CDs, se decidió por Pink Floyd. The Wall le hacía acordar a su infancia, fue el primer disco que tuvo de la banda, y fue también el que lo llevó a conocer nuevos estilos de música. Se le escapó una lágrima. Cerca de las nueve de la noche, se sentía completamente ajeno a este mundo. Hacía menos de una hora que había parado a llenar nuevamente el tanque, y seguía sin rumbo determinado. Salió de la autopista, tras ver un cartel con tres nombres de ciudades que no conocía. Una de esas sería su destino, aunque todavía no sabía exactamente cuál. Mientras circulaba por esa ruta solitaria, miles de recuerdos lo empezaron a distraer. Todos los lugares que había conocido parecieron hacer una sucesión en su mente. Recordó aquellas vacaciones en Mónaco, el viaje de negocios a Münich, la visita a sus primos en Miami... todos sus viajes desfilaron ante él. Nunca antes sintió tanta nostalgia. Su pasado se estaba volviendo en su contra, y él no podía hacer nada al respecto. Un cartel le decía que 30 kilómetros más adelante había una ciudad. Cambió el CD y se empezaron a escuchar algunos acordes de Karma Police. Nueve minutos mas tarde, llegó a la entrada a la ciudad. Bajó la velocidad y se dispuso a entrar. El camino le era bastante familiar, aunque nunca había estado ahí. A cada lado de la calle había una fila de arboles llenos de flores blancas, que poblaban el ambiente de un aroma bastante suave. Un instante después, ya estaba en el centro de la ciudad. Su reloj decía que faltaban seis minutos para las nueve y media. Cientos de personas habían salido ese dia, y le daban vida a la ciudad con su paseo. Estacionó el auto cerca de una plaza, y fue a buscar un restaurante. No tenía mucho hambre, pero se sentía como un extraterrestre. Quería sentarse en algún lugar, para relajarse y distenderse despues de tantas horas de viaje. Cuando llegó al restaurante, vió que solamente había una mesa libre. Luego de ocuparla, notó que un anciano de la mesa del frente lo estaba mirando. Era una mirada grave, bastante intimidatoria, pero le restó importancia. Llegó el mozo y pidió al azar lo primero que vió en el menú. No conocía ninguno de esos platos, y en el fondo sabía que cualquiera iba a ser igual. Cuando terminó de comer, el anciano de la otra mesa se sentó a su lado y empezó a hablarle, como si lo conociera de hace mucho tiempo. Le hablo de cosas que él no conocía, pero que sentía como propias, y comenzó a dudar si el viejo no se había confundido de persona. Su duda mutó a sorpresa cuando el anciano sonrió y como prueba de que no estaba equivocado, le dijo dos nombres: el suyo propio y el de él. Tras casi una hora y media de charla, la pequeña nube de misterio había crecido exponencialmente. Según el anciano, era él el que lo habia llamado a la distancia, y que había guiado su destino. No parecía mentir en lo mas mínimo, y de hecho se lo había demostrado contandole con bastante detalle el viaje, incluída la visión, unos minutos antes. Le habló también de otras cosas que no alcanzó a interpretar. Era la una y media, y ya no quedaba nadie más que ellos dos en el lugar. El anciano seguía hablando, y el mozo los miraba bastante extrañados. Al fin, el viejo reveló la causa por la que estaba allí. Te estuve vigilando toda tu vida, era mi trabajo. Nunca lo notaste, pero había cámaras en tu casa, y siempre alguien te seguía a cualquier lugar donde fueras. Ahora te intriga saber cómo fué que te llamé, y con qué intención lo hice. Pues bien, la intención es bastante clara. No necesitas agradecerme.
Se levantó de su silla, y encendió un televisor que se encontraba a unos pocos metros. Sintonizó un canal de noticias, y subió el volumen. Las imágenes mostraban una ciudad devastada, y el periodista culpaba a una organización terrorista. Pocos edificios se mantenían en pie, la onda expansiva había destruído casi todo. Alguien dijo "bomba atómica" y le quedaron esas palabras haciendo eco en su cabeza. Reaccionó de pronto, y cayó en la conclusión que el viejo no le dijo toda la verdad. Lo de la vigilancia era solamente una excusa. Miró hacia donde estaba el anciano, pero éste ya no estaba ahí. Su ciudad estaba destruída y su salvador había desaparecido. Dejó un billete de cien euros en la mesa, y salió corriendo hacia la puerta, con la esperanza de ver al anciano en algún lugar. No estaba por ninguna parte, y el mozo negó haberlo visto salir. Tratando de acomodar sus ideas, salió a caminar. No logró entender nada. Era real lo de la bomba, o era un video que mostró el viejo? con qué intencion lo podría haber hecho? por qué desapareció sin terminar de explicar? con qué necesidad le había fabricado esa mentira? quién era el misterioso anciano? Se dirigió al auto, y fue en busca de un hotel... la noche recién empezaba, pero no estaba en condiciones de hacer nada más. Un rato después, estaba acostado, mirando el techo, completamente perdido en sus pensamientos. Llegó el sueño, y fué casi un alivio. La mañana le traería respuestas, pero él no lo sabía. Etiquetas: Ficcion
|
3 Comentarios
Hermosa.
Me encantan tus historias.
Aunque nunca son verdad,jaja.
Besos.
No la borres ¬¬ .
Surprisingly enough, it didn't take you long at all to stop writing every day as you said you would.
Muy bueno guille, veo la influencia de calamaro, fito y sabina en esta publicación, cuando lea las que estan más abajo te las comento. Deberias escuchar las letras de charly, tienen un elemento que importante que podría potenciar la sinergía de estilos en tus historias. Muy bueno. Abrazo